Mi hija prematura me enseñó a vivir
Maestra de almas
Nunca imaginé que escribir se convertiría en una necesidad.
Al principio, estas páginas nacieron como una forma de desahogo. Necesitaba ordenar mis pensamientos, darles un lugar a los miedos, a las lágrimas, a las noches interminables y a las pequeñas victorias que solo quienes cuidan a un hijo con necesidades especiales pueden comprender.
Con el tiempo entendí que esta historia no era solo mía.
Era la historia de Leonor.
La historia de una niña que llegó a este mundo para enseñarnos que la fortaleza puede habitar en los cuerpos más frágiles, que una sonrisa puede tener más poder que cualquier palabra y que el amor verdadero no conoce límites ni condiciones.
Cuando nació, creí que sería yo quien le enseñaría a vivir. Pensé que mi labor como madre consistiría en guiarla, protegerla y mostrarle el mundo. No sabía que ocurriría exactamente lo contrario.
Fue ella quien nos enseñó a nosotros.
Nos enseñó paciencia cuando todo parecía urgente.
Nos enseñó esperanza cuando los diagnósticos eran devastadores.
Nos enseñó gratitud cuando la vida parecía injusta.
Nos enseñó a valorar lo esencial cuando todo lo demás perdió importancia.