Ataduras
Como muchos matrimonios, el de Vanda y Aldo se ha visto sometido a la tensión, al desgaste de la rutina y aún más, a la infidelidad, pero ha sobrevivido intacto. O eso parece. Porque si se mira con detenimiento, las grietas son evidentes, como las de un jarrón resquebrajado que pudiera romperse al menor contacto.
"Nos movemos creyendo que el movimiento de las piernas nos pertenece, pero no es así, junto con nosotros sube esos peldaños una pequeña multitud a la que nos hemos adecuado, la seguridad de las piernas solo es resultado de nuestro conformismo. O cambiamos el paso –concluyes– y recuperamos la alegría del comienzo o nos condenamos a la normalidad más gris".