Entre Tejuelas y Juncos
En 1936 Dios plantó en Puerto Montt una iglesia sin templo. Pasarían casi tres décadas antes de que levantara el suyo, con tejuelas, sobre un sitio bajo y anegadizo donde los juncos asomaban entre las tablas del piso mientras adentro se predicaba.
Ninguna de esas tejuelas se puso sola. Detrás de cada una, con la ayuda de Dios, hubo hermanos que daban lo que no tenían. Hoy cambiaron las tejuelas, se secaron los juncos y la ciudad alrededor ya es otra, pero lo que sigue en pie confirma lo que aquí se supo desde el primer día, que si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican.