Oasis de ensueño
Un oasis en el desierto, un lugar calmo donde descansar es, a veces, lo que nos hace falta: tomar un respiro, descansar un momento. No dejar de preocuparte, no aislarte; solo descansar. Como las luciérnagas que bajan para luego volver a volar, ya con su brillo habitual. Aquí construí un oasis, a base de tinta y papel. Solía descansar en un tronco, en una esquina cerca de un sillón. Sin ello, busqué un cuadernito, una servilleta, tal vez, y escribí. Por fortuna, cuando bajé la pluma, no estaba tan sola. Solo resonaban sus últimas palabras: “Agua, sal y aceite.” Mas respiré, me bebí un café y salí al mundo otra vez. Conmigo.