Historia del frejol (Phaseolus vulgaris L.) en Chile, desde sus orígenes
El frejol ha sido un alimento tradicional de la cocina chilena, desde antes de la llegada de los Incas y españoles al Chile actual. A pesar de esta situación, el posible origen del frejol chileno no se conoce con exactitud, aunque existe concordancia de un origen foráneo, ya que no se ha encontrado frejol silvestre, posiblemente debido a las condiciones climáticas adversas presentes en la zona norte para su crecimiento. En este sentido, algunas hipótesis plantean un posible origen argentino, aunque no se descarta la influencia posterior de los países limítrofes como Perú y Bolivia, donde existe frejol silvestre y donde se ha mantenido desde muy temprano, un activo intercambio comercial con las poblaciones chilenas.
Es así como, a la llegada de los españoles al país, el frejol ya se encontraba diseminado en gran parte del país como quedo consignado, por los cronistas que acompañaron a Pedro de Valdivia y por la información arqueológica e histórica de la zona. Posteriormente, debido a la introducción de nuevos cultivos y escaso valor alimenticio dado por los españoles a los productos nativos (‘cultivo de indios’), el consumo del frejol estuvo restringido principalmente a los indígenas, sin embargo, con el paso del tiempo el frejol comenzó a ser considerado e incorporado como un producto más dentro de la cocina criolla. Con el crecimiento de la agricultura y posteriormente la minería, el frejol se constituyó en un plato irremplazable en las comidas de trabajadores agrícolas, urbanos y mineros, considerados de bajos ingresos. Dada esta situación, nació la expresión popular y coloquial ‘más chileno que los porotos’, que simboliza la identidad, tradición y la historia de este producto en el país.
Con el paso del tiempo y la creación del Ministerio de Agricultura, se empezaron a realizar los primeros estudios científicos en frejol con la recolección de germoplasma, las evaluaciones agronómicas de este material genético y las primeras hibridaciones para obtener nuevas variedades. Posteriormente, se creó del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), que le dio un nuevo impulso a la investigación en frejol en mejoramiento genético, prácticas agronómicas y la difusión del cultivo hacia los agricultores. Durante todo este período hasta nuestros días, el frejol ha jugado un rol importante en la agricultura nacional, especialmente entre los años 1970 y 1990, donde su cultivo alcanzó una importante superficie sembrada y la producción que fue capaz de abastecer las necesidades nacionales, además de exportar una cantidad importante a diferentes países de América y Europa. En este periodo, es importante destacar también la importancia de la cooperación internacional que recibió INIA de parte del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), que incluyó el intercambio de germoplasma, preparación técnicas de profesionales y técnicos en diferentes disciplinas como; mejoramiento genético, enfermedades, plagas y producción de semillas, que contribuyó a reforzar el trabajo que realizaba INIA para responder a las crecientes demandas de información técnica, de parte de los agricultores y exportadores. Dada esta situación, se desarrolló un amplio programa de difusión y transferencia de tecnología asociado a los Grupos de Transferencia de Tecnología (GTTs) y proyectos específicos enfocados a fortalecer las exportaciones del frejol financiados por el Estado.
La focalización de la agricultura basada en productos de exportación y la ausencia de la resolución de algunos factores limitantes presentes en el cultivo, como la incorporación de una mayor mecanización de varias prácticas agrícolas, la ausencia de variedades aptas para la cosecha mecánica, producción de semilla certificada, aumentos de los costos y pérdida de mercados internacionales, redujo la rentabilidad y el interés de los agricultores por este cultivo.
Actualmente, el interés por el consumo de alimentos saludables, ha llevado a colocar al frejol nuevamente como un producto atractivo y versátil que se puede consumir en diferentes formas: fresco, congelado (verde y granado) y como grano seco, y además en diferentes preparaciones precocidas, que han contribuido a reducir el problema del tiempo de preparación del frejol. Adicionalmente, este aumento de interés en el consumo de frejol, y legumbres en general, se apoya en una serie de estudios que resaltan las propiedades nutritivas del frejol y su capacidad de prevenir algunas enfermedades importantes en la población.
Esta auspiciosa situación nos incentivó a recopilar y sistematizar la información publicada, nacional e internacional, para dejarla disponible a todos los usuarios de la tecnología, incentivar la producción y el consumo de esta noble especie y de esta manera contribuir a mejorar la salud de la población.
Esperamos que este libro sea de utilidad a agricultores, profesionales, técnicos y estudiantes interesados en la historia de un cultivo muy nuestro.