30 Cuentos antes de los 40
Este libro es una ventana. Una ventana a la historia de su autor y, a la vez, al larismo propio de crecer en la comarca. En Santa María. En Comala. En cualquier sitio donde aún lo mágico esté permitido. Donde todavía se pueda evocar a los muertos en un afán fatuo de recuperar ese olor, ese gesto, esa caricia perdida en la memoria.
Se hace el esfuerzo y se logra cuando el lector entiende la referencia, la imagen y la sugestión de lo narrado. Con talento nos vamos adentrando en la vida de un joven rural, con sus aventuras y fracasos, con su mirada del mundo desde las historias que, si no fuese por el autor, jamás habrían sido contadas.
Estamos ante alguien que no sólo escribe bien. Estamos frente a alguien con intención. Un buen sujeto que en su afán de narrar, está dejando un estilo propio. Un estilo que se confirma, como en la mejor película, en “Yoreta”, el último cuento.
Con tono directo y una economía de palabras que sólo busca la descripción certera, el lector se encontrará, al transitar estas páginas, con el devenir humano en sociedad y, en particular, en la vida reposada y tranquila de lo rural.
Con este conjunto de cuentos el autor ingresa en el breve, pero contundente anaquel de los narradores de ficción del valle. Estos textos refrescan las letras de Aconcagua.
Ricardo Ruiz-Herrera