Memorias de un buen amor
Imposible no retroceder los siglos para hermanar los títulos de Libro de buen amor, del Archipreste de Hita, y estas Memorias del buen amor (2026), escritas por María Eugenia Bassi.
Acaso las experiencias necesitan ser dichas para que alcancen una presencia cabal en las personas. Todo indica que, sin la palabra, los hechos quedan truncos, las peripecias sufren de insuficiencia comprensiva y una pátina de olvido apenas deja visible la superficie de aquello que tanto júbilo y tanto dolor provocó alguna vez.
Pero ese mentar lo vivido y visto íntimamente suele representarse por medio de los sentimientos que, una vez y otra, insisten en domiciliarse corazón adentro. Es el caso, pienso, del texto de María Eugenia.
La conservación de vívidas escenas, junto a las consideraciones de la necesaria bondad y de su contrapunto, que son la desolación y el abandono, se alzan como máximos motivos de quien, como la autora, desahoga el espíritu y llama de la atención de los lectores.
La brevedad de los asuntos reunidos subraya un carácter de mosaico en este diario del afecto y de la pena. Y es que la memoria fusiona el tiempo y la emoción con ese no sé qué de volver sobre los pasos. Al fin, emerge de cada fragmento una concentrada reminiscencia.
Sin pretensión de sorprender a quien conozca de estas páginas, los textos ofrecen sencillez y veracidad, sensible gratitud y una memoria lacerada. Por momentos, el carácter emotivo de lo dicho arrasa el tan necesario esclarecimiento de las palabras.
Libro a flor de piel. Goce y sufrimiento constituyen sus cartas de presentación. Ambas dicen que han sido escritas con amor y con dolor.
Juan Antonio Massone, escritor