Las 3 Máximas
Una niña se pierde dentro de sí misma, como en un bosque hastiado de sus propios árboles. Se busca, y no son sus ojos los que entreven la espesura, sino el signo que se entorna y parpadea preguntando. Una mujer se oculta en el tiempo y solo hay un atrás de aromas íntimos y ese sonido sumergido, el frío de los viejos timbres de las voces amadas y perdidas. Nada ha ocurrido y lejos brilla la luz de una ventana. El hablante no logra esconder su identidad y se ovilla en un sendero que se abre, cerrándose, en cauces secos y huellas irreconocibles.
Antonio Gil
Escritor