Lo que el mar no devuelve
Hay historias que no se escriben para entretener, sino para
que alguien no se pierda del todo. Esta es una de esas.
Ocurrió de verdad, o casi. Casi, porque toda historia que de
veras nos importa se cuenta con un pie en lo que pasó y otro en
lo que quisimos que pasara; porque hubo que ponerles palabras
a silencios que ya nadie podía explicar, e imaginarles el corazón a
personas que se fueron sin alcanzar a contarlo. Cambiaron los
nombres. Cambiaron algunos lugares. No cambió lo esencial: que
hubo una mujer que fue muy amada y muy poco cuidada, y que el
mundo se la llevó demasiado pronto.
Empieza a orillas de un mar —el Pacífico, frente a los cerros
de colores de Valparaíso— y termina lejos de él, del otro lado de
una cordillera, en una carretera bajo el sol.