Trozos sueltos
Cuando en 1816 David Brewster inventó el caleidoscopio, ese instrumento óptico que produce vívidas y coloridas imágenes, no pudo sospechar que más de dos siglos después, su invento sería usado como clave en la reseña de un texto escrito en el extremo sur del mundo. Se trata del reciente libro de Karina Jiménez Salazar, Trozos Sueltos. Al igual que los resplandecientes fragmentos de un caleidoscopio que se unen y combinan revelando sombras y colores, sus relatos, a medida que se avanza en la lectura, sumergen al lector en personajes y situaciones propias de la mágica atmósfera de la literatura. Imágenes universales que conmueven, sensibilizan, inspiran. Es innegable que el tránsito por los dolores y debilidades salidos de la magnífica pluma de la escritora, resultará en un ineluctable recordatorio de nuestra propia vulnerabilidad.