¿Qué hacemos si perdemos la cabeza?
Este fotopoemario despliega una bitácora fragmentada donde la pérdida (de amor, de cordura, de forma) se piensa a través de una imagen central: la cabeza como sede del yo y su extravío como umbral entre el colapso y la liberación. La voz alterna un registro íntimo y herido con una ironía filosa que evita que el dolor se vuelva solemne, y encuentra su giro más potente cuando la decapitación deja de ser mutilación para volverse ingravidez: "sin la cabeza soy más ligera... mis alas me llevan donde el espíritu se desata". Ahí también se juega otra apropiación, la del sujeto que deja de ser musa o reflejo ajeno y reclama autoría sobre su propia obra. El libro cierra sin responder su propia pregunta, ofreciendo compañía en el extravío antes que consuelo.