La criminalista
Cuando Montserrat, una de las mejores criminalistas del país, recibe una memoria USB con expedientes imposibles de resolver, sabe que algo está mal. Ha dedicado su vida a observar indicios, analizarlos y descifrarlos con precisión, encontrando patrones donde otros solo ven caos.
Pero hay algo que no encaja: casos distintos, escenarios distintos; y, aun así, hay detalles que se repiten donde no deberían. Las pruebas son sólidas; los informes periciales, impecables. Todo parece correcto... demasiado correcto. Lo que comienza como una inquietud técnica se convierte en una sospecha imposible de ignorar: no se tratan de errores aislados.
Cuando la evidencia deja de ser confiable, la verdad se vuelve frágil. En las ciencias forenses, la verdad se construye a partir de los indicios y estos, en teoría, no mienten. Y en un sistema que depende de la verdad, cuestionarla no solo tiene consecuencias... tiene un costo.