Lamparys
Lampyris 380 no es un libro que se lee: es un libro que se habita. Álvaro San Martín Mera nos invita a caminar por los senderos de Loncoche, esa aldea entre montañas y cerros vírgenes que ya no existe del todo, pero que late intacta en la memoria de quien supo nombrarla.
Cada poema es una luciérnaga —lampyris— que enciende su chispazo de luz para iluminar lo que el tiempo y el progreso han ido oscureciendo: el buey obrero que tira del carro en silencio, las manos de la lavandera estrujando sueños entre lanas desteñidas, el ferrocarril que ya no llega pero nunca dejó de silbar en el corazón de los ferroviarios, los zapateros que convirtieron el martilleo en canción.