La muerte no existe
Alguien dijo alguna vez que releer es una forma de recordar, y recordar tiene una raíz etimológica hermosa e inquietante: volver a pasar por el corazón. Sé que los poemas de Ariatna están en mi corazón (psíquico y corporal) porque Ariatna juega: a veces narra, a veces ensaya y algunas veces más se divierte especulando con su futura muerte. Ella entiende que en la poesía, como en la vida, es imposible planificarlo todo. La forma se hace en el transcurso, las palabras brotan a zancadas, no hay dos moretones que coincidan en contorno y color.
Un último aliento para intentar definir lo que padezco: la palabra infancia. La poesía de Ariatna Gámez Soto es la infancia hecha verbo. Yo infancia al leer los poemas de Ariatna. Tú infancias con los poemas de Ariatna. ¡Qué bello infanciar con este poemario!
Lo que aquí presenciamos es la experiencia constelada. La poesía sacándole la vuelta a los significados sumisos. Ariatna Gámez Soto escribiendo con el cuerpo como guion. Qué bella es la luz que solo se aprecia una vez en la vida.