Tuyos los Cielos. Míos volcán y Montañas
Oler poesía es un acto tan salvaje como la vida misma, desgastar el sabor de un poema, es tan primitivo como cuando saboreamos la leche maternal. Atrapar imágenes y estamparlas en unos versos, es tener un pincel pegado al alma, es ser una luz silenciosa, te advierte que eres un ser especial y te liga por siempre al arte puro y genuino.
La poesía de Carmen Rivera Soto, maestra, docente, madre, esposa y amiga, es sin duda, lo dicho anteriormente. Sus versos tienen olor de otras primaveras, el sabor de panes que fueron horneados en cocinas del pasado, con otros soles y madrugadas, ella nos regala imágenes que hablan y recuerdan otras calles, otros trajes, otras lunas y amaneceres, de un Chile ido, pero sigue oculto en el corazón de poetas gallardos como el árbol de Algarrobo.