A las orillas de una muerte hermosa
Tamiki Hara suele llegar a esta costa del Pacífico bajo la gigantesca sombra de Hiroshima. Es comprensible: nació allí, sobrevivió a la bomba y escribió algunas de las páginas más estremecedoras de la literatura japonesa del siglo xx. Pero este libro corre el eje. Antes que la catástrofe histórica, antes que el hongo nuclear se convirtiera en postal de nuestro tiempo, aquí aparece otra devastación: la lenta muerte de Sadae, su esposa, y el modo en que esa pérdida en Hara reorganiza la memoria, el deseo de escribir, la percepción del mundo.
Traducidos directamente del japonés, los relatos reunidos en A las orillas de una muerte hermosa no buscan explicar la muerte ni volverla soportable. La miran desde cerca, y casi demasiado cerca: en una habitación, en una tos, en la luz de verano, en una flor, en el temblor mínimo de un cuerpo que se apaga. Frente al testimonio de la bomba atómica, este volumen permite leerlo desde una zona más íntima y extraña: la de un duelo que, sin estridencia, da luces a una forma distinta de mirar.