Mi historia es tu historia: qué hice para perder tanto
Segunda parte
A pesar de estar tan pequeño, ya me daba cuenta de tu dulzura y de lo buen hermano que eras, y ese ángel que irradiaba de tu rostro lo heredaste de mamá. Siempre sonriendo, demostrando así la paz que siempre deseaste para nuestra sencilla familia. Sin dejar nunca de pensar en lo mejor para todos, nunca fuste egoísta, menos malévolo a pesar de todas nuestras carencias, necesidades y problemas. Sobre todo con papá y esos celos enfermizos de mamá eran con justa razón, porque fuiste el más buen mozo de todos. Pero otra vez mamá decayó cuando fuiste al norte para hacer tu servicio militar, y por otro lado, no pudo nunca aceptar tu partida tan precoz si tan solo tenías 23 años. Pero ese genio de papá te hacía sufrir y mamá siempre te protegía aferrándote a su pecho, donde encontrabas la calma que necesitabas. Creo que estás mejor arriba que acá y Rosa te estará contando de mis locuras y sueños literarios, y estarán riéndose de estas historias que tu hermano menor de los hombres relata con poesía y nostalgia.