El agua del río fluye invariable
En El agua del río fluye invariable del poeta cubano Gabriel Mesa Romero, nos enfrentamos a una obra atravesada por el movimiento: la irrupción del amor, el desborde del deseo, la pérdida cuando todo parece cambiar sin detener el curso de lo vivido. Aquí nada permanece fijo; los poemas son desplazamientos, transformaciones, desgaste, memoria, angustia y nostalgia, como si amar fuera obedecer a una ley natural tan ineludible como la respiración o la gravedad.
Este poemario propone una ética del amor: amar sin retener, fluir sin dominar, aceptar que todo vínculo verdadero implica riesgo y movimiento. No intenta fijar el instante, sino acompañarlo en su tránsito. El amor irrumpe en las superficies, en las pieles, en los gemidos y en las lágrimas como fuerza esencial de la vida: inevitable como el paso del tiempo, indispensable como el agua.