María Isabel Peralta
Vida pasión y muerte de la protegida elquina de Gabriela Mistral
En el valle de Elqui un derramamiento de pueblecitos: es el valle mirado desde lo alto una especie de collar roto: son las aldeas con su treintena de casas blancas, veladas por los árboles.
Casi en el centro del valle, un pueblecito mayor que rige a los otros, con su honra de asiento de comuna: Paihuano.
Cuatro cerros rojos y amarillos: no inquietan a los hortelanos que nacen, viven y mueren debajo sin saber que naturaleza violenta los ha sostenido en rodillas de amazona. Pero nace un día, entre los dueños de viña y los dueños de minas, una niña que mira y entiende, y esa oye el alarido de piedra que son los cerros.
Es la dueña de estos versos. Se llama MARÍA ISABEL PERALTA; pertenece a una familia española pura, terrateniente en varias generaciones.
Muchos de sus versos me parecen admirables. Unos pocos me dejan dudando. Pero, no soy yo, que a su edad escribía tan escandalosamente mal, quien va a tirarle la primera piedra. He querido únicamente señalar una sensibilidad verdadera que va camino de la palabra definitiva.
GABRIELA MISTRAL 1925