Pequeño tratado de cosmoanarquismo
En medio de los escombros el mundo regresa, en la reactualización de las viejas historias derrotadas, al retomar las bifurcaciones truncadas. Volviendo a aparecer en fragmentos, nos llama a desertar de la circularidad del presente encerrado sobre sí mismo.
Se trata de combatir por el anacronismo. Nada de principios primeros ni de orígenes. El rechazo de la arkhé, de la Ley contra el derecho a existir de tal o cual manera. El anarquismo siempre se ha situado en las fallas de la historia. En la transición sin fin de un mundo a otro abre los caminos a modos de existencia comunales, a otra cosa que las prisiones sociales con sus sujetos. Proclama que algo más que el Todo puede existir, es decir, todo el resto: el compartir, el apoyo mutuo y sus medios de vida. Otra vez los partisanos de una multiplicidad de mundos.
En los recomienzos, nos habla de los fragmentos del mundo y sus potenciales de asociación, de los encuentros entre seres heterogéneos, de la trama insurgente de nuestras interdependencias que generan y hacen existir lugares habitables. El anarquismo ya no será social, será cosmológico.