Detrás del acantilado
Estos sueños son profanamente sagrados, cada uno de ellos se dibuja como un círculo mágico de tiza blanca. Caben en ellos dioses, exparejas, padres, vampiros, poetas borrachos, serpientes, niñas y hasta un solitario Michael Jackson tomando té en una enorme cocina de piso de baldosa con sartenes que cuelgan del techo.
Estos poemas son simultáneamente prosa, visiones, realidades, tormentos y latidos de una existencia caleidoscópica. Cada uno es un cortometraje; no se requiere banda sonora ni efectos, la calidad de la imagen aquí tiene al menos cinco dimensiones, los detalles son incandescentes, cada trozo pictórico crea un velo y dentro de ese tupido manto aparecen las revelaciones de las máscaras.
Son las imágenes las que nos permiten unir toda la escritura de Alejandra del Río; juntas son un solo péndulo que sana.